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viernes, 15 de marzo de 2013

Botones...

Antes de que naciera Mario no me preocupaba en absoluto por esas piececitas para abrochar determinadas prendas... Solía usar muchos jerséys de cuello vuelto y camisetas de algodón, de las de toda la vida. Y vestidos, muchos vestidos... Ni siquiera unos días antes de dar a luz, cuando compré mis primeros sujetadores de lactancia, me percaté de la importancia que, unas semanas después, tendrían los botones para mí... Y es que de repente, alumbras a tu hijo, te lo ponen encima para fomentar eso del contacto "piel con piel" (la sensación más bonita que he experimentado nunca!), y cuando menos te lo esperas estás en una sala de lactancia con unas matronas muy simpáticas que te explican que el pecho se da "a demanda". A demanda! Nada de "cada tres horas", como nos decían nuestras abuelas. Y claro, hasta que no llegas a casa y compruebas que la demanda de los recién nacidos es contínua, no te das cuenta de lo incómoda que es toda tu ropa. Así que en ese momento decidí renovar mi vestuario.
Suena atractivo. El sueño de cualquier mujer. Pero no, no me fui como Julia Roberts en Pretty Woman por Rodeo Drive a golpe de talonario; lo mío fue más cutre...
Tuve suerte porque Mario nació a finales de enero. Pillé las mejores gangas en las últimas rebajas y llené mi armario de chaquetas, camisas, y vestidos con botones, muchos botones, para poder alimentar a mi cachorro donde quiera que estuviera. Lo de la ropa de lactancia no lo veía claro... Al fin y al cabo no sabía cuánto iba a durar ese período y es una ropa cara a la que luego no das uso... Opté por lo práctico.
Desde entonces desarrollé una (extraña?) obsesión por todo aquello que va abrochado. Y ahora, con Carmen colgada de la teta tooooooodo el día, he recuperado la tradición de usar blusa los días de fiesta (que son los pocos días que salgo de casa para hacer algo que no sea la compra, como ir a comer en familia o dar un corto paseo por algún rincón de la ciudad). Hasta las camisetas que utilizo con mi adorado chándal (en su versión moderna de leggins, deportivas y camiseta) tienen botones, como mis pijamas; así puedo amamantar de forma rápida y fácil a mi cría. Incluso las sudaderas que uso llevan cremallera!
Y bueno, he de decir que si bien esto de la lactancia materna es muy bonito, sano y económico, también es un gran enemigo de la coquetería... Yo nunca me había imaginado que iría descamisada (o descamisetada) todo el día, con un sostén "de abrir y cerrar", ni mucho menos que estaría dispuesta a dar de mamar a mis hijos cualquier lugar público y delante de cualquier persona (y si no que se lo pregunten a mi prima... verdad, Eli?)... Pero por un hijo, una hace lo que sea!
Desde que tengo a mis niños ya no me fijo en las prendas como antes... ahora solo veo botones, corchetes y cremalleras... Ellos son mi único "must have" de temporada...