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jueves, 2 de mayo de 2013

El temido momento de la separación. Fin de la baja de maternidad.

6:45. Suena el despertador. Me levanto. Sola. Carmen duerme plácida. Y los chicos también. Comienzo a prepararme. Saco la ropa del armario y me meto en el baño.
7:00. Arturo se levanta. Yo termino de arreglarme. Vamos a la cocina. Preparamos desayunos. Yo sigo dando vueltas por la casa, de un lado para otro. Repaso de memoria todo lo que tengo que llevar: la mochila del niño, la mochila de la niña, mi bolso...
7:10. Levanto a Carmen. La visto, me la llevo a la cocina y le doy teta.
7:15. Despertamos a Mario. Desayuna. Yo preparo su ropa. Mi café con leche empieza a enfriarse... Continúo con la teta.
7:30. Arturo y Mario terminan de desayunar. Arturo recoge y viste a Mario. Mi café está frío...
7:35. Dejo a la niña en la cuna. Vuelvo a la cocina. Mojo unas galletas en mi café frío. Y pienso en lo que va a pasar... Me agobio por momentos y termino mi desayuno.
7:40. Otro repaso a las mochilas de los niños. Meto mis gafas en el bolso, las llaves y la cartera.
7:45. Cojo una manta para sacar a Carmen al frío de esta mañana. La meto en la maxi cosi. Nos ponemos los abrigos y bajamos al coche.
Comienza el trayecto hacia una nueva etapa...
Hoy ha sido el primer día de mi nueva vida como madre de dos hijos y trabajadora... Y ha sido agotador y bastante agridulce, pero finalmente ha sido.
Mi reincorporación hoy acarreaba para mí el desconsuelo de separarme de mi niña después de cuatro meses y medio... Hoy me he despegado de ella; he dejado de acariciar su piel, de olerla, de besarla cada vez que me apetecía... Y ha sido duro... Me ha costado soltarla de mis brazos a pesar de que otros la cogieron. Me ha costado irme de la guarde sin mirar atrás mientras escuchaba su llanto. Me ha costado estar sin ella durante ocho horas. Pero todo llega.
He superado la prueba. Y ella también. Me da pena que ya se haya terminado nuestro tiempo de maternidad plena y exclusiva, pero empezamos otra etapa con fuerza. Ella comienza a descubrir cosas nuevas rodeada de amiguitos, juguetes, colores, música y mucho cariño. Yo vuelvo a trabajar, todo un lujo en los tiempos que corren, sobre todo si tenemos en cuenta que me gusta mi trabajo y en él tengo grandes compañeros que me han hecho más fácil este momento.
En fin, que ya estoy de vuelta en la redacción, entre agencias, periódicos y digitales. Con el micro, la cámara, los reportajes... Y cambios, muchos cambios... Espero que todos sean para bien...

(Ay, pero qué corto es el permiso de maternidad en este país!!!)

A piece of beautiful





lunes, 22 de abril de 2013

Rabietas, pataletas y otras historias para no dormir

Las rabietas no molan nada. No, no molan. Esta frase se la hemos repetido a Mario una y otra vez desde el día que exteriorizó por primera vez su rabia... Ya no recuerdo bien aquel momento ni el motivo por el que cogió ese primer berrinche, pero sí recuerdo cómo le espetamos eso de que las rabietas no molan. Tratamos, desde entonces, hacerle comprender que tener una pataleta no soluciona nada; que entienda, a sus dos años, que a veces tenemos que soportar cosas, e incluso hacerlas, aunque no nos apetezcan o no nos gusten. Intentamos que tome la vida como le viene y siempre encontrando lo bueno de cada acontecimiento...
Ay, qué fácil ha sido siempre dar consejos, enseñar lecciones y guiar a los demás! Pero qué pasa cuando la rabieta la tenemos nosotros? Qué pasa cuando somos nosotros mismos los que tenemos que adoptar nuestros consejos, aprender nuestras lecciones y seguir el camino indicado? Pues en mi caso se derrumban las palabras y los ánimos...Y no me siento con moral ni autonomía suficiente como para decirle a nadie que no llore, que no se enfade y que no patalée. Y menos a un niño de dos años.
Pues ahora mismo me encuentro en ese punto. Estoy en el momento en que me pongo la máscara de dura para no derrumbar en un instante el castillo de ejemplaridad que una madre construye desde el minuto uno de tener a su hijo.
Ahora mismo me gustaría patalear, gritar y aferrarme con uñas y dientes a las paredes de mi casa como se aferra un niño a las piernas de su padre en la puerta del colegio...
Ahora mismo pienso que es demasiado pronto para tener que separarme de mi niña!
Ahora mismo creo que en los días que me quedan de baja no podré mirarla incansablemente; acariciarla, besarla y abrazarla lo suficiente; darle pecho todo lo que lo necesite o cantarle canciones tanto como me gustaría...
Ahora mismo me repito a mí misma "las rabietas no molan nada".
Pero ahora mismo no puedo evitar sentir rabia al ver que se acaba el tiempo...

Javi, por Bea Conde-Corbal

martes, 9 de abril de 2013

Vértigo

Hoy he sentido vértigo. Pero no ese vértigo de cervicales que hace que todo dé vueltas a tu alrededor aunque estés tumbado. Tampoco era el vértigo que con la edad se ha ido apoderando de mi igual que lo hizo con mi padre y nos impide disfrutar de bonitas vistas a veces... El vértigo que he sentido hoy tiene que ver con el tiempo, con la velocidad a la que pasa todo...
Hoy, 9 de abril, Carmen cumple 4 meses! Cuatro meses ya! Dentro de nada me tendré que reincorporar al trabajo. Me tendré que separar de ella y sólo pensarlo ya me duele como si me arrancaran un riñón...
Para ella cumplir hoy cuatro meses tampoco ha tenido mucha gracia... Comenzaba el día recibiendo cuatro vacunas. Así, de regalo de primera hora... Pobrecita mía! Lo que ha gritado y llorado... Eso sí, en cuanto la cogí entre mis brazos se calmó!
Ay, mi Carmencita... Últimamente me he dado cuenta que la dependencia que tienes hacia mí es mutua. Sí era consciente de tu necesidad de mí, de mi teta, de mis brazos, de mi voz, de mis caricias... Pero ahora reconozco mi propia necesidad  de ti; de tu sonrisa al despertar, de tus gorgoritos a todas horas, de tu mirada en busca de la mía, de tu carcajada suave al acercarme cosquilleante a ti, de tu mano agarrando fuerte la mía... Debí haberlo sospechado cuando me sorprendía a mí misma mirándote embobada sin que nada más en el mundo importara o estuviera pasando... Debí sospechar cuando las noches en las que empezaste a dormir muchas horas seguidas sin arrimarte a mi pecho echaba de menos tu calor... Ahora ya no lo sospecho; lo sé. Te necesito tanto como respirar, y me está costando mucho, muchísimo, ver pasar el tiempo tan deprisa sin poder hacer nada más que acompañarlo...
Cada vez que pienso que Mario ya tiene dos años me recorre un escalofrío desconcertante por la espalda... Y ahora, que te miro a ti y veo un bebé precioso que empieza a voltearse, a jugar, a reír, a querer incorporarse para descubrir todo lo que hay a su alrededor... me doy cuenta de lo importante, de lo valioso que es el tiempo. Saber aprovecharlo, saber disfrutarlo, saber exprimirlo. Hasta la última gota, el último tic-tac. Hasta los malos tiempos...
Mi madre siempre nos había dicho lo rápido que pasa el tiempo cuando eres madre y ves crecer a tus hijos... Siempre pensé que exageraba, pero no. En esto, como en todo lo que dice y me ha contado, mi madre también tenía razón. Es como eso de que las cosas malas parece que nunca terminan y las buenas pasan volando! Así es. Yo, como mi madre, ahora desearía poder parar todos los relojes del universo. Congelar el tiempo para poder disfrutar plenamente de este maravilloso momento, de estos maravillosos hijos que tengo, siempre. Sólo eso.

La persistencia de la memoria, Salvador Dalí