La mayúscula inicial se reserva a nombres propios, pero ¿qué hay más propio, más único, más auténtico que una Madre? Para mí, nada.
Cuando era pequeña, mi Madre me recogía en el colegio siempre con una sonrisa. Su cara, a pesar del agotamiento después de muchas horas de trabajo, reflejaba cada tarde las ganas inconmensurables de verme, de agarrarme la mano y pasear juntas al parque o a casa.
Caminaba deprisa. Pero yo, con mis piernas pequeñitas conseguía seguirla. A veces...Y cuando yo no la alcanzaba, ella reducía el ritmo y me esperaba. Mi Madre siempre ha adaptado su caminar al mío. Siempre se ha mantenido a mi lado aunque en ocasiones le costase muchísimo. Como ella misma dice, mi Madre "ha tragado carros y carretas" y solo por complacerme. Así, mi Madre ha marcado los pasos de mi existencia.
Mi Madre me hizo el regalo más bonito que me podía hacer: me dio la vida.
Mi Madre, desde que nací, me ha hecho sentir el ser más especial del universo... Y siempre ha sido capaz de levantarme el ánimo con una sola mirada.
Mi Madre me ha acompañado siempre, en todo momento, en cada decisión, en cada éxito y en cada fracaso de mis 32 años.
Mi Madre me ha enseñado la importancia del cariño, de los besos, de los abrazos.
Mi Madre, que no habla mucho, me ha dicho las palabras más grandes que nunca escuché. Me ha dado aliento para lograr mis metas. Me ha dado confianza para que yo crea y sepa que puedo hacerlo.
Mi Madre me ha valorado siempre de manera constructiva (aunque a veces no me gustara su evaluación...).
Mi Madre me ha demostrado que por los hijos se puede superar lo impensable.
Mi Madre me ha dado la mano mientras mis dos hijos nacían. Ha mantenido la calma (bueno, con Carmen no tanto...) cuando mi cara se descomponía por el dolor mientras me susurraba al oído "tranquila, hija, ya está, ya está aquí".
Mi Madre se ha dejado la piel por mi. Y se la sigue dejando a pesar de mi edad y de la distancia que nos separa.
Mi Madre ha vivido y vive por mí, por mis hermanas, por mi padre, por su madre, por su hermano y por sus nietos.
Mi Madre ha hecho muchas más cosas por los demás, por todos nosotros, que por o para ella misma.
Mi Madre me ha mostrado, desde que puedo recordar, que el sacrificio por la familia (tu familia) tiene recompensa en sí mismo.
Mi Madre me ha transmitido siempre que el amor infinito es, además, inagotable y existe.
Mamá, hoy no puedo ver cómo te levantas, con los pelos revueltos, directa a la cocina y cómo, casi sin abrir los ojos, te bebes el café que te ha preparado papá.
Mamá, hoy no puedo acercarme a darte un beso y decirte felicidades. Pero desde aquí sí puedo darte las gracias por todo lo que has hecho, haces y sé que harás por mí siempre! Eres un ejemplo. Mi ejemplo. Y no quiero que cambies nunca!
GRACIAS MAMÁ POR MOSTRARME DÍA A DÍA EL CAMINO.
Ojalá todos los días fueran "el día de la Madre". Pero no para hacer regalos, que el mejor regalo de una Madre son sus hijos, sino porque sería bonito que cada día, dedicásemos al menos unos minutos a pensar en la suerte que hemos tenido al contar en nuestra vida con una Madre como la nuestra... Una Madre con mayúscula!
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domingo, 5 de mayo de 2013
viernes, 22 de marzo de 2013
Viernes, que te quiero, viernes!
Los viernes siempre han sido mis días preferidos! Igual que para los Easybeats, por eso hay que ponerles música.
Cuando trabajo y suena el despertador un viernes lo paro de un modo diferente, con más ganas y mejor humor. Sé que en unas horas comenzará el descanso del guerrero y afronto la jornada laboral con más energía, como si eso fuera a acortar el tiempo en la oficina, a pesar del cansancio acumulado a lo largo de toda la semana. Ahora que mi trabajo consiste en criar a Carmencita tengo esa misma sensación por extraño que parezca. Muchos todavía piensan que cuando estás de baja por maternidad no hay despertadores a los que obedecer, ni horarios que cumplir ni diferencia que hacer entre un lunes, un viernes o un domingo... Ay, amigos, pues no es así!
Aquí sigue sonando la alarma cada mañana, porque los hombres de la casa tienen obligaciones fuera de ella. Así que a las 7:30 de la mañana todos en pie para desayunar. Yo aseo y visto a Mario mientras Arturo se ducha y se prepara con sigilo para no despertar a Carmen, que duerme en nuestro cuarto. Despido a mis amores en la puerta, en pijama y despeinada, y atiendo el reclamo de mi niña, que ya quiere teta. Continúo con las tareas diarias en los ratos que me deja mi pequeña granujilla. Pero es viernes, y hoy todo se hace más llevadero. Como cada día, espero con ansia a que lleguen mis chicos y me planten unos besos reconstituyentes y reconfortantes. Y después de comer y tomar un café, trazamos nuestro plan para la tarde del viernes. Casi siempre es el mismo, pero hay días en los que el cansancio hace mella y es necesario retrasar la hora de salida...
Los viernes siguen siendo mis días preferidos, aunque se limiten a ir al súper en familia para llenar la nevera de cara al fin de semana, comprar algún capricho barato (una tableta de chocolate o unas chuches, que el bolsillo no da para más!) y disfrutar de esa pequeña "excursión" con los niños. Hay que ver cómo te cambia la vida esto de la maternidad y/o paternidad... Ya no planificas la noche, sino el día; no eliges a qué fiesta ir el sábado, sino el restaurante en el que comer, como mucho; no te fastidia que llueva porque te estropea el alisado de pelo, sino porque es un incordio tener que poner la burbuja al carrito de paseo... Sin embargo he descubierto que esto de tener tu propia familia es maravilloso, porque convierte en especial el gesto, la palabra o el acto más cotidiano...
Hoy, además, es uno de esos viernes algo diferentes... Esta tarde, después de comer, casi sin reposar el café, y antes de ir a la compra, tenemos una cita en la tele... Pero esto es otra historia que ya os contaré... Lo que realmente hace que este viernes sea especial para mí es que mañana llegarán mis padres a Toledo, así que yo me siento extremadamente contenta!
Y ahora, a disfrutar del viernes. Aunque llueva...
Cuando trabajo y suena el despertador un viernes lo paro de un modo diferente, con más ganas y mejor humor. Sé que en unas horas comenzará el descanso del guerrero y afronto la jornada laboral con más energía, como si eso fuera a acortar el tiempo en la oficina, a pesar del cansancio acumulado a lo largo de toda la semana. Ahora que mi trabajo consiste en criar a Carmencita tengo esa misma sensación por extraño que parezca. Muchos todavía piensan que cuando estás de baja por maternidad no hay despertadores a los que obedecer, ni horarios que cumplir ni diferencia que hacer entre un lunes, un viernes o un domingo... Ay, amigos, pues no es así!
Aquí sigue sonando la alarma cada mañana, porque los hombres de la casa tienen obligaciones fuera de ella. Así que a las 7:30 de la mañana todos en pie para desayunar. Yo aseo y visto a Mario mientras Arturo se ducha y se prepara con sigilo para no despertar a Carmen, que duerme en nuestro cuarto. Despido a mis amores en la puerta, en pijama y despeinada, y atiendo el reclamo de mi niña, que ya quiere teta. Continúo con las tareas diarias en los ratos que me deja mi pequeña granujilla. Pero es viernes, y hoy todo se hace más llevadero. Como cada día, espero con ansia a que lleguen mis chicos y me planten unos besos reconstituyentes y reconfortantes. Y después de comer y tomar un café, trazamos nuestro plan para la tarde del viernes. Casi siempre es el mismo, pero hay días en los que el cansancio hace mella y es necesario retrasar la hora de salida...
Los viernes siguen siendo mis días preferidos, aunque se limiten a ir al súper en familia para llenar la nevera de cara al fin de semana, comprar algún capricho barato (una tableta de chocolate o unas chuches, que el bolsillo no da para más!) y disfrutar de esa pequeña "excursión" con los niños. Hay que ver cómo te cambia la vida esto de la maternidad y/o paternidad... Ya no planificas la noche, sino el día; no eliges a qué fiesta ir el sábado, sino el restaurante en el que comer, como mucho; no te fastidia que llueva porque te estropea el alisado de pelo, sino porque es un incordio tener que poner la burbuja al carrito de paseo... Sin embargo he descubierto que esto de tener tu propia familia es maravilloso, porque convierte en especial el gesto, la palabra o el acto más cotidiano...
Hoy, además, es uno de esos viernes algo diferentes... Esta tarde, después de comer, casi sin reposar el café, y antes de ir a la compra, tenemos una cita en la tele... Pero esto es otra historia que ya os contaré... Lo que realmente hace que este viernes sea especial para mí es que mañana llegarán mis padres a Toledo, así que yo me siento extremadamente contenta!
Y ahora, a disfrutar del viernes. Aunque llueva...
martes, 19 de marzo de 2013
Querido papá:
Hoy no llegaré a casa con una piedra pintada de mariquita para que utilices de pisa-papeles en la mesa de tu oficina. Ni si quiera podré darte un beso antes de que vayas a trabajar. A cambio te llamaré para felicitarte el día y mandarte un beso a través del teléfono (maldita distancia!). Y ya está. Porque aunque somos de charla fácil y palabra ligera, a los dos nos cuesta decirnos a la cara algunas cosas, como por ejemplo "te quiero". Vamos, a tí hasta te da la risa cuando te pido un beso! Sin embargo hoy te lo voy a decir (aunque sea por escrito, que es algo más fácil para mí).
Te quiero y te requetequiero cada día de mi vida! Te quiero por haberme sacado el pañal cada vez que entrabas en casa solo para que yo me sintiera más cómoda y liberada (así lo cuenta mamá, que también dice que nos los sacabas muy rápido pero nunca nos los ponías... jajaja). Te quiero por haberme llevado al cole cada mañana hasta que fui capaz de ir sola. Te quiero por abrazarme cuando lloraba, encenderme la luz del pasillo cuando tenía miedo o contarme historias cada noche para que pudiera dormir con una sonrisa. Te quiero porque me llevabas al lago secreto a vivir aventuras con mamá y las niñas. Te quiero por ayudarme con los deberes aunque llegaras tarde del trabajo. Te quiero por animarme siempre, incluso en mis fracasos, a seguir adelante.Te quiero por no perderte ni un partido de baloncesto de los que jugué aunque fueran insufribles. Te quiero por apoyar siempre, de manera incondicional, mis decisiones aunque a veces sean arriesgadas, incorrectas o peligrosas. Te quiero porque me das los mejores consejos. Te quiero porque me enseñas cada día a querer ser mejor. Te quiero porque preparas los mejores desayunos del mundo. Te quiero porque eres positivo, siempre. Te quiero porque me contagias la risa incluso cuando no hay que reir. Te quiero porque eres entrañable con tus despistes, con tus rollos patateros, con tus doscientas llamadas al día, con tu Vaini... Te quiero porque, por encima de todo, me has enseñado que la familia siempre tiene que estar unida. Te quiero porque adoras a tus nietos. Te quiero porque me enseñas cómo tratar a las personas. Te quiero porque eres especial, auténtico y único. Te quiero porque eres el mejor padre del mundo.
Te quiero.
Te quiero y te requetequiero cada día de mi vida! Te quiero por haberme sacado el pañal cada vez que entrabas en casa solo para que yo me sintiera más cómoda y liberada (así lo cuenta mamá, que también dice que nos los sacabas muy rápido pero nunca nos los ponías... jajaja). Te quiero por haberme llevado al cole cada mañana hasta que fui capaz de ir sola. Te quiero por abrazarme cuando lloraba, encenderme la luz del pasillo cuando tenía miedo o contarme historias cada noche para que pudiera dormir con una sonrisa. Te quiero porque me llevabas al lago secreto a vivir aventuras con mamá y las niñas. Te quiero por ayudarme con los deberes aunque llegaras tarde del trabajo. Te quiero por animarme siempre, incluso en mis fracasos, a seguir adelante.Te quiero por no perderte ni un partido de baloncesto de los que jugué aunque fueran insufribles. Te quiero por apoyar siempre, de manera incondicional, mis decisiones aunque a veces sean arriesgadas, incorrectas o peligrosas. Te quiero porque me das los mejores consejos. Te quiero porque me enseñas cada día a querer ser mejor. Te quiero porque preparas los mejores desayunos del mundo. Te quiero porque eres positivo, siempre. Te quiero porque me contagias la risa incluso cuando no hay que reir. Te quiero porque eres entrañable con tus despistes, con tus rollos patateros, con tus doscientas llamadas al día, con tu Vaini... Te quiero porque, por encima de todo, me has enseñado que la familia siempre tiene que estar unida. Te quiero porque adoras a tus nietos. Te quiero porque me enseñas cómo tratar a las personas. Te quiero porque eres especial, auténtico y único. Te quiero porque eres el mejor padre del mundo.
Te quiero.
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