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sábado, 14 de septiembre de 2013

Carallo!

Carallo! Bonita palabra identificativa de nuestras raíces. La palabra carallo nos sirve a los gallegos para expresar infinidad de cosas: Admiración (carallo!), resignación (boh, qué carallo!), indignación (pero qué carallo!?), desplante (vai ó carallo!), contrariedad (tócate o carallo!), duda (o carallo 29!), agotamiento (estou ata o carallo!), lejanía (no 5º carallo!), calidad (está de carallo!)... y así hasta el mismísimo carallo podríamos terminar enumerando significados y usos... Se dice carallo hasta para no decir nada!
También tenemos palabras derivadas de carallo muy recurrentes en nuestra particular forma de expresión como caralludo (genial), carallán (persona divertida, bromista), carallazo (golpe), carallada (fiesta), escarallado (algo roto, alguien agotado, cansado)...
Carallo sustituye a palabras que son muy malsonantes y dulcifica expresiones de extremo enfado e indignación.
A mí simepre me ha gustado la sonoridad de la palabra carallo. Quizás por lo recurrente de su uso. Quizás porque es una palabra que siempre (o casi siempre) sale de la boca e mi padre para expresar algo con mucho tino. Lo cierto es que la usamos mucho en nuestra familia y, sin darnos cuenta, la transmitimos de generación en generación... Tanto es así que Mario dice carallo ya con diferente entonación e intención. Pero lo sorprendente (y últimamente no hacemos más que llevarnos sorpresas) de este tema es que la palabra carallo se ha convertido sin querer en una de las primeras palabras del vocabulario de mi bebita!!! Carmen a sus nueve meses de vida ya repite carallo cada vez que me lo escucha a mí, a su hermano o a su padre, que más que por tradición lingüística utiliza este vocablo de amplio contenido semántico por diversión.
Y así, de esta manera tan caralluda, la pequeña se va haciendo mayor... Manda carallo! Si parece que fue ayer cuando nos conocíamos en el paritorio... Nueve meses han pasado ya y ahora nos deleita con sus primeros besos, sus primeros pasos, sus primeras palabras...
Carmen todavía no dice mamá muy bien; la "m" parece que se le resiste un poco y pronuncia más una especie de "b" que diferencia estupendamente de la "p" de papá... Sin embargo, la palabra carallo la dice clara y perfectamente. Y aunque no sea políticamente correcto, yo reconozco que me escarallo con ella y me sale el orgullo de madre gallega!




domingo, 5 de mayo de 2013

Mamá se escribe con mayúscula!

La mayúscula inicial se reserva a nombres propios, pero ¿qué hay más propio, más único, más auténtico que una Madre? Para mí, nada.
Cuando era pequeña, mi Madre me recogía en el colegio siempre con una sonrisa. Su cara, a pesar del agotamiento después de muchas horas de trabajo, reflejaba cada tarde las ganas inconmensurables de verme, de agarrarme la mano y pasear juntas al parque o a casa.
Caminaba deprisa. Pero yo, con mis piernas pequeñitas conseguía seguirla. A veces...Y cuando yo no la alcanzaba, ella reducía el ritmo y me esperaba. Mi Madre siempre ha adaptado su caminar al mío. Siempre se ha mantenido a mi lado aunque en ocasiones le costase muchísimo. Como ella misma dice, mi Madre "ha tragado carros y carretas" y solo por complacerme. Así, mi Madre ha marcado los pasos de mi existencia.
Mi Madre me hizo el regalo más bonito que me podía hacer: me dio la vida.
Mi Madre, desde que nací, me ha hecho sentir el ser más especial del universo... Y siempre ha sido capaz de levantarme el ánimo con una sola mirada.
Mi Madre me ha acompañado siempre, en todo momento, en cada decisión, en cada éxito y en cada fracaso de mis 32 años.
Mi Madre me ha enseñado la importancia del cariño, de los besos, de los abrazos.
Mi Madre, que no habla mucho, me ha dicho las palabras más grandes que nunca escuché. Me ha dado aliento para lograr mis metas. Me ha dado confianza para que yo crea y sepa que puedo hacerlo.
Mi Madre me ha valorado siempre de manera constructiva (aunque a veces no me gustara su evaluación...).
Mi Madre me ha demostrado que por los hijos se puede superar lo impensable.
Mi Madre me ha dado la mano mientras mis dos hijos nacían. Ha mantenido la calma (bueno, con Carmen no tanto...) cuando mi cara se descomponía por el dolor mientras me susurraba al oído "tranquila, hija, ya está, ya está aquí".
Mi Madre se ha dejado la piel por mi. Y se la sigue dejando a pesar de mi edad y de la distancia que nos separa.
Mi Madre ha vivido y vive por mí, por mis hermanas, por mi padre, por su madre, por su hermano y por sus nietos.
Mi Madre ha hecho muchas más cosas por los demás, por todos nosotros, que por o para ella misma.
Mi Madre me ha mostrado, desde que puedo recordar, que el sacrificio por la familia (tu familia) tiene recompensa en sí mismo.
Mi Madre me ha transmitido siempre que el amor infinito es, además, inagotable y existe.
Mamá, hoy no puedo ver cómo te levantas, con los pelos revueltos, directa a la cocina y cómo, casi sin abrir los ojos, te bebes el café que te ha preparado papá.
Mamá, hoy no puedo acercarme a darte un beso y decirte felicidades. Pero desde aquí sí puedo darte las gracias por todo lo que has hecho, haces y sé que harás por mí siempre! Eres un ejemplo. Mi ejemplo. Y no quiero que cambies nunca!

GRACIAS MAMÁ POR MOSTRARME DÍA A DÍA EL CAMINO.

Ojalá todos los días fueran "el día de la Madre". Pero no para hacer regalos, que el mejor regalo de una Madre son sus hijos, sino porque sería bonito que cada día, dedicásemos al menos unos minutos  a pensar en la suerte que hemos tenido al contar en nuestra vida con una Madre como la nuestra... Una Madre con mayúscula!




lunes, 8 de abril de 2013

Atravesada...

A lo largo de los años han sido muchas las cosas que se me han atravesado... Ya de pequeña se me atravesaba la carne. No había forma de que me comiera un filete de ternera gallega bien limpia sin que se me hiciera bola el primer bocado... Por más que mi abuela Carmiña  machacaba la carne con aquel mazo de madera hasta dejarla más fina que la suela de un zapato. Por más ajo con el que aderezara mi filete. Por más hecha que estuviera la chicha, no había forma! Se me atravesaba... Más adelante se empezaron a atravesar otras cosas... En el colegio, por ejemplo, se me atravesaban las ciencias. Bueno, la física, porque la química me gustaba y se me daba bien. Incluso en 1º de BUP un mal profesor intentó que se me atravesaran las matemáticas... Pero aquello fue sólo durante ese curso. En cuanto llegué a 2º me di cuenta de que las matemáticas nunca se me habían dado mal, y entonces comprendí que hay gente muy capulla que te hace creer que no vales para algo cuando no es así! Y fue así como se me empezaron a atravesar también algunas personas...
Llegué a la Universidad, empecé Filología Inglesa y el tercer año estuve a punto de abandonar. Siempre me había encantado el inglés, pero en la facultad no estaba aprendiendo lo que yo quería... La lengua inglesa se diluía entre literaturas, historias y teorías de... Quería dejar los estudios e irme a Inglaterra a aprender de verdad. En aquel momento, con 20 años, un consejo a tiempo de mi abuela Elisa  y mi tío Moncho (el mismo que me habían dado mis padres, pero claro, eran mis padres y yo no quería escucharlos a ellos...) me empujó a seguir. Cogí carrerilla entonces y aquella carrera que se me estaba atravesando terminó. Me licencié después de haber tenido la oportunidad de cursar mi último año en Inglaterra y aprender de verdad. Sin embargo siempre, durante esos 5 años de universidad, tuve clavada la espinita de haber estudiado periodismo... Así que después de hacer el C.A.P. (porque con filología inglesa o hacías el C.A.P. o estabas vendido...) me aventuré en esto de la comunicación y regresé a la universidad. Hice un máster de edición periodística y medios de comunicación en el que aprendí la profesión desde dentro, trabajando. Comencé en el mundo laboral. Primero fueron las prácticas. Luego una beca. Otra beca más y mi primer contrato laboral! Eso sí, de prácticas... En medio de esa vorágine de puestos de trabajo, algunos de los cuales también se me atravesaron, decidí estudiar periodismo y volví a la universidad nuevamente y por cuarta vez! Y ahí sigo... Atravesada con siete asignaturas para licenciarme en la que podría decir que siempre fue mi pasión y mi profesión, porque siempre he trabajado en el mundo de la comunicación... Un par de currillos como profesora particular; alguno de camarera y azafata mientras estudiaba la primera carrera, pero nada más... Y no soy capaz de arrancar... Es como si hubiera perdido la fuerza y la motivación... Desde que empecé esta segunda carrera mi vida ha dado muchas vueltas y ahora, con dos críos, ya me resulta un tanto imposible poder sacar tiempo para el estudio...
Sin embargo, el sábado pasado, en un encuentro casual, la mujer de un buen amigo me recordó que sí se puede. Me contó cómo ella fue capaz de sacarse su oposición (es nefróloga) mientras cuidaba a su niña, y me animó a seguir peleando con los libros, los apuntes y los subrayadores. Todo es cuestión de voluntad y disciplina (vaya, justo lo que nunca he tenido...), a lo que yo tendré que añadir una buena dosis de café extra. Así que me he propuesto que al menos lo voy a intentar... A ver si por fin consigo dejar de estar atravesada, aunque solo sea en esto...

domingo, 7 de abril de 2013

Cambios...

Hay gente a la que los cambios le asustan. A mí siempre me han gustado. Creo que los cambios son más que necesarios de vez en cuando. Da igual si se trata de cambiar de piso, cambiar de ciudad o solamente cambiar de corte de pelo. La vida es una sucesión de cambios lo mires por donde lo mires! Algunas veces los cambios no son como esperas. Te aventuras a dejar algo por lo que parece ser tu sueño y resulta un fracaso... Pero como siempre me dice mi hermana, las cosas pasan porque tienen que pasar. Incluso las cosas malas. Y son quizás éstas (las cosas malas) de las que más podemos aprender...
Hoy me he parado a pensar en mis cambios. Y lo he hecho porque hace unos días hicimos algunas pequeñas modificaciones en casa. Algo tan simple como cambiar unos muebles de sitio ha hecho que me sienta contenta. De ahí mi reflexión positiva sobre los cambios. Sean los que sean.
De todos los cambios que ha habido en mi vida solamente un par de ellos, puede que tres, han sido duros. Uno ya pasó y se olvidó. Se trataba de un cambio laboral que no fue ni parecido a lo que se suponía que iba a ser... El otro cambio venía unido al anterior; me arrastró desde el norte hasta el centro del país. En aquel momento eso era lo que más deseaba: estaba harta de vivir en Compostela bajo la lluvia, lluvia, lluvia y más lluvia... Y lo que fue decisivo y determinante para que tomara la carretera: me había enamorado de verdad... y él era toledano! Así que hice mis maletas y sin pensármelo dos veces, en cuanto surgió aquella oportunidad laboral, me mudé. Como ya he dicho, aquel trabajo no fue como esperaba. Duró un año y fue el año más duro de mi vida hasta ahora. Levantándome a las 6 en Toledo para ir a trabajar a Madrid desde las 9 de la mañana hasta las 7 de la tarde y volver... Y todo por unos pocos euros a los que tenía que restar lo que me costaba el transporte (Toledo-Madrid-Toledo más Bono transporte...). El estrés, las palizas de recorrer la capital por el subsuelo de cabo a rabo cada día y el mal comer en la oficina delante del ordenador me regalaron a cambio, eso sí, un tipo fino para lucir meses después mi traje de novia. Pero no repetiría jamás aquello (lo del trabajo, digo). Sin embargo, y a pesar de aquel año nefasto, y a pesar de reconocer que la vida en Toledo nunca me ha parecido fácil (todo lo contrario!); a pesar de echar de menos mi Ourensiño del alma, a mi familia, a mis amigos, mis paseos, mis cafés, mis olores de siempre... A pesar de desear cada instante volver a la ciudad que me vio nacer y criar allí a mis polluelos, en las mismas calles que yo troté, en los mismos parques en los que yo corrí, jugué y disfruté. A pesar de todo eso y de haber pensado tantas veces desde hace ya 6 años en lo dura que ha resultado ser esta decisión, reconozco que no me arrepiento de haberla tomado! Y no me arrepiento porque fue la llave de mi felicidad; me dio a mi marido, lo más grande, sólido y verdadero que tengo, y él me dio a las dos personas más maravillosas: nuestros hijos. Esta dura decisión me ha abierto el corazón, me ha hecho comprender lo mucho que quiero y necesito a mi familia; pero también me ha dejado ver que soy capaz de salir adelante "sola", de superar retos y conseguir metas más allá de "mis fronteras". Esta dura decisión me ha mostrado nuevos sentimientos y sensaciones; me ha proporcionado, además, una nueva amiga y compañera de viaje: la morriña.
Desde hace seis años los cambios en mi vida han sido constantes: he cambiado de ciudad, de piso, de trabajo, de estado civil, y el más importante, grande y satisfactorio de los cambios, he dejado de ser solo hija para ser madre. Hoy miro atrás y solo puedo dar gracias porque todos los cambios, incluso los que más me duelen, me han traido cosas buenas. Por eso cuando algo se tuerce, cuando algo no sale como habíamos planeado, cuando la cuesta de enero dura hasta abril (o mayo, o enero del próximo año...), cuando creo que todo me sale mal, me paro, respiro y, aunque soy de las que lloran por todo, pienso en las sonrisas, los besos, los abrazos, las caricias, los "te quiero", y todas esas cosas buenas que la vida ha decidido regalarme cada día sin necesidad de salir de casa. Pienso en mi familia: mi marido, mi Mario y mi Carmen, y automáticamente todas las penas desaparecen como las semillas de los abuelillos cuando soplas...







miércoles, 3 de abril de 2013

Creciendo...

Hace unos días, en Ourense, mi hermana Cris decidió germinar unas lentejitas con Mario. Su intención iba más allá de hacer ver a su ahijado del alma cómo crecen las semillas. Lo más importante de su experimento era crear más complicidad entre ellos (aunque yo creo que tener más complicidad de la que tienen es imposible!!!), tener algo importante que hacer cada día con sus cuatro manos. En definitiva, estar unidos por algo que han comenzado juntos.
Las lentejitas siguen creciendo entre algodones, igual que Mario y Carmen, y hoy me he dado cuenta de lo importante que es aprovechar bien el tiempo, aunque llueva, porque pasa volando! Esta mañana me he metido en el armario de Carmen para recolocar la maleta que hemos traido de Ourense, las cositas nuevas que nos ha regalado la abuela Eva, los vestiditos que hace unos días nos mandaba María desde Compostela... y oh Dios mío! Ya no me cabe en el armario! He guardado en varias cajas la ropita que ya no le vale... bodies, pijamas, camisitas, faldones, chaquetas y capotas (nunca se sabe si algún día nos tocará un Euromillón y nos lanzaremos a por el tercero... ;-P). Lo he cuidado y guardado todo como lo hizo mi madre hace ya 32 años y gracias a lo que Carmen puede ponerse hoy la que fue mi primera ropa. Lo que más me ha llamado la atención es comprobar la velocidad a la que crecen estos niños! En menos de cuatro meses ya he retirado y repuesto prendas no sé cuántas veces! Y entonces he pensado detenidamente en la importancia del riego diario de las lentejitas. Cada día que pasa nuestros pequeños ven, observan, escuchan, aprenden, imitan, desarrollan, crecen, y es nuestra responsabilidad que todo eso lo hagan de la mejor manera posible.
Por eso me he propuesto tomarme con calma esto del riego... Apuesto firmemente por una crianza de apego, de abrazos, de besos, de mimos (cómo me gustan los mimos que me da Mario!). Sin prisas. Aunque a menudo sea necesario llamar a la paciencia una y otra vez, procuraré hablar bien delante de ellos, obrar bien en su presencia, ponerme en su lugar cuando no entienda algo. Intentaré, con todas mis fuerzas, no fallarles nunca; estaré ahí (o aquí) siempre que lo necesiten, pase lo que pase. Me comprometo a dar el mejor ejemplo posible cada minuto. Jugaré, me reiré, lloraré, estudiaré (de nuevo) y haré todo con ellos, por ellos, a su ritmo. Daré cada paso a su lado hasta que ellos decidan que ya puedo caminar unos cuantos metros por detrás. Los cuidaré hasta el fin, con todas mis ganas. Los querré sin reservas, sin condiciones y sin límites. Y lo más importante, creceremos juntos porque juntos comenzamos esta aventura de la familia.
Cris, sigue regando las lentejitas, las de verdad y las de carne y hueso, porque en esto de crecer juntos, cuantos más seamos, mejor!